ROBLE DEL CAMPO DE MORO

Desnudo, retorcido mostrando el armazón que en verano pasa desapercibido, el roble nos muestra su poderío.

El roble es un árbol muy abundante en el norte de España y es más escaso en la zona central y sur. Hay muchas variedades difíciles de identificar por las hibridaciones que se producen entre ellos, pero los tipos más significativos, entre nosotros,  podrían ser el roble común (quercus robur), predominante en la zona atlántica, y conocido allí como carballo, el roble albar (quercus petraea),  el melojo o rebollo  (quercus pyrenaica), que es la especie más extendida en la Península Ibérica y dominante por ejemplo en las sierras próximas a Madrid y el quejigo (quercus faginea), originario de la Península Ibérica y el norte de África.

El roble común es  un árbol de tronco robusto, con ramas gruesas y hojas caducas, lobuladas, que pueden permanecer en el árbol hasta bien entrado el invierno. Los campesinos ingleses decían que la última hoja nunca cae del roble, porque antes de que esto ocurra brotan las nuevas. Este comportamiento es un enigma para los expertos. Algunos afirman que así se protege el brote de las yemas, otros que es la mejor manera de aprovechar la biomasa que el árbol genera (que no se perdería con las lluvias del invierno). También hay quien afirma que la permanencia de las hojas impide el nacimiento de plantas bajo el árbol que compitan con él en la obtención de nutrientes y agua.

SABER MÁS EN EL GATO POR LAS RAMAS

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