FRESNOS de la Herrería de San Lorenzo del Escorial

El Bosque de la Herrería está situado al pie de la Sierra de Guadarrama, en San Lorenzo del Escorial. Era designado antiguamente como Dehesa de las Ferrerías de Fuentelámparas. Fue la primera finca que Felipe II adquirió, en su objetivo de anexionar un amplio territorio de realengo en torno al Monasterio de El Escorial. Pasó a manos de la Corona Española en  1.562. Su propiedad correspondía a Pedro Gómez de Porres, comendador de la Orden de Santiago que residía en Segovia. Actualmente pertenece al Patrimonio Nacional

Por su situación a la sombra de las montañas, en una zona de mayor humedad, los encinares han dado paso a los árboles de hoja caduca de la zona mediterránea. En las zonas más bajas y llanas, a la entrada de la Herrería, junto al monasterio, se encuentran los fresnos. Se trata de un árbol fácilmente reconocible por su abultado tronco en relación con las ramas y por su porte achaparrado por el desmoche al que tradicionalmente han sido sometidos para alimentar el ganado.

En cuanto el suelo se hace un poco más seco, subiendo hacia la famosa silla de Felipe II, la especie predominante es el roble melojo (Quercus pirenaica). Este es sin duda, uno de los mejores melojares de la comunidad de Madrid, pero en esta entrada nos fijaremos en sus fresnos

Los fresnos son muy conocidos en la mayoría de los países de las regiones templadas o subtropicales del hemisferio Norte de donde son originarios, ya que se extienden por áreas pobladas históricamente y han tenido un importante lugar en las creencias y costumbres de muchos pueblos.

El nombre del género Fraxinus es el nombre latino del fresno. El nombre común tiene el mismo origen.  

El fresno común (Fraxinus excelsior) es un árbol muy exigente en humedad, aunque rehúye los terrenos encharcados, prefiere suelos frescos, profundos y fértiles y resiste temperaturas muy bajas. Le gusta la luminosidad. Su crecimiento es vigoroso, relativamente rápido y pueden alcanzar los 200 años de edad.

La madera es blanda, flexible, elástica, resistente y no se raja jamás, pero es poco resistente al agua. Se emplea en la elaboración de mangos de herramientas, artículos deportivos (raquetas, tacos de billar y especialmente esquíes) y para chapado. Asimismo se ha usado para fabricación de carrocerías y los primeros vehículos de motor.

Florecen de abril a mayo, en general antes de la salida de las hojas. En cuanto a su género existe una total confusión ya que puede haber árboles solamente con flores masculinas, árboles únicamente con flores femeninas, árboles con flores masculinas sobre unas ramas y femeninas sobre otras, pudiendo ocurrir que al año siguiente las flores permuten su situación. Los frutos se forman inmediatamente después de la floración, pero persisten hasta el otoño, cuando maduran. Al principio son verdosos, para después pasar a color marrón.

Tiene su área original por toda Europa, llegando al norte de Rusia y Asia Menor. En España aparece por la mitad Norte.

Es un árbol muy cargado de leyendas. Se le consideraba el rey de las tinieblas y para los vikingos era el árbol más grande y más bello de todos. Antes de la Cristiandad los escandinavos le consideraban como un árbol sagrado, símbolo de vida y fuerza. Se decía que Odín había hecho al primer hombre de un trozo de esta madera. Para los Druidas colocando hojas debajo de la almohada se disfrutaba de sueños agradables.

Ygydrasil, el Árbol del Mundo, fue un gigantesco fresno cuyas raíces alcanzaban las profundidades del infierno, pero su copa se situaba en los puestos más altos del cielo y su grueso tronco unía a ambos.

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Tarayes de Benidorm (Alicante)

Entre el asfalto y la arena. Entre los rascacielos y el mar, los tarayes de Benidorm aportan el toque natural a la ciudad.

Recorriendo el paseo marítimo, en la playa de poniente, los retorcidos troncos nos muestran el contraste entre lo natural y lo artificial., entre el silencio y el estruendo.

Los tarayes son pequeños árboles que muchas veces no pasan de talla de arbusto, con raíces muy penetrantes extendidas de rápido desarrollo

Son árboles que soportan perfectamente la sequía, pues sus raíces son capaces de profundizar en busca de agua y además sus pequeñas hojas pierden poca por evaporación. Asimismo toleran salinidad.

Se puede decir que los tarayes están en la historia de la Humanidad, pues la especie Tamarix manifera, originaria de la Península del Sinaí y de las montañas de Arabia, producía en la corteza de sus ramas una gotas de resina, que solidificadas en las noches frías se convertían en unas bolas elásticas que proporcionaba el célebre maná del Sinaí.

Aunque su nombre común correcto es taray, es corriente que se le denomine vulgarmente Tamarindo. Los primeros vestigios de su uso en jardinería proceden del año 1596. En las áreas verdes de Madrid se suelen encontrar tres especies como ornamentales, aunque escasamente.

 

El nombre del género Tamarix es el nombre latino del taray. El nombre común taray, antes tarahe, proviene del árabe vulgar tarafo tarfa para denominar estas plantas, existiendo la variante también utilizada comúnmente atarfe.

 

ÁRBOL DEL PARAÍSO del Parque de las Bolitas del Airón (Valdemoro)

El Espacio natural “Bolitas del Airón” es el parque más emblemático de Valdemoro  y a él acuden los vecinos para pasar un día en contacto con la naturaleza y realizar diversas actividades al aire libre en torno a las mesas, bancos y juegos infantiles instalados al efecto.

Cada 25 de abril, festividad de San Marcos, Valdemoro en pleno se da cita en este gran espacio verde para disfrutar de una jornada lúdico-gastronómica.

Las 44 hectáreas del parque se asientan sobre la antigua dehesa boyal donde el Árbol del Paraíso (Elaeagnus angustifolia), la especie arbórea emblemática del parque, fue introducido hace 50 años. Desde ahí comenzó a colonizar espontáneamente el prado grande, habiéndose adaptado y naturalizado por completo.

El también llamado olivo de Bohemia convive en el parque Bolitas del Airón con otros árboles como el taray, los olmos negros y algún almendro, además de una vegetación compuesta principalmente por herbáceas características de zonas húmedas, como los juncos.

El Árbol del Paraíso es nativo de los Balcanes y el este de Europa, hasta Siberia, Himalaya, Irán y Asia Menor. Se introdujo en jardinería en 1633. Es una especie de cultivo muy antiguo, sobre todo en el macizo del Cáucaso y Asia Menor.

La madera es de color pardo amarillento, porosa, quebradiza y de poca calidad, aunque se ha utilizado para la fabricación de útiles e instrumentos de música. Sus frutos, que son comestibles, se denominaban Támaras de Trebisonda en la antigua Persia, donde se consumían secos. Proporcionaban un buen alimento en los tiempos de los transportes por caravana en las regiones desérticas o semidesérticas de Asia. Además se pueden mantener secos sin perder sus propiedades, al igual que los dátiles.

Es muy utilizado como ornamental por sus hojas plateadas y sus aromáticas flores.

El nombre del género procede de los vocablos griegos elaia, aceituna y agnos, que es el nombre del sauzgatillo (Vitex agnus castus), de hojas parecidas. La denominación específica alude a la estrechez de sus hojas. Otros autores Tradicionalmente se ha indicado que este árbol se encontraba en el Paraíso, de aquí su denominación vulgar.

Es un árbol bastante frecuente que en las áreas verdes madrileñas, utilizado como ornamental por sus hojas plateadas y sus aromáticas flores, con bastantes ejemplares introducidos recientemente en algunas calles algunas calles y parques.

 

Olivos de la Quinta del Duque del Arco (El Pardo-Madrid)

La Real Posesión de la Quinta del Duque del Arco (conocida también como Quinta de El Pardo) es un ejemplo de las casas de campo que algunos aristócratas de los siglos XVII y XVIII utilizaban para retirarse a las afueras de Madrid.

Se encuentra en el monte de El Pardo, a pocos kilómetros del pueblo del mismo nombre, dentro del término municipal de Madrid (España).

Además de las espectaculares secuoias, el precioso olivar anima al paseo. y mientras paseamos nada mejor que una buena lectura:

PROFESIONES de Gustavo Duch. Ediciones Pol.len

Cuando sólo era un tierno brote verde, pensaba y repensaba qué le gustaría ser de mayor, por eso era tan preguntón con sus parientes mayores.

-¿Cómo te fue con tu vida? Cuéntame otra vez aquella aventura. ¿De verdad que fue así?

Coleccionaba en su diario todas esas andanzas para después confeccionar una lista con las cosas que le gustaría ser y con las que no.

Cosas que me gustaría ser:

Ser frutero y que los niños y niñas me trepen y me sisen mis manzanas, mangos y aguacates.

Ser la sombra de reuniones clandestinas donde se piensen revoluciones.

Ceder mi tronco para que garabateen en él corazones de amor eterno.

Ser las ramas de muchos nidos. Ser las ramas de la cabaña de Tarzán.

Ser, en cada amanecer, el abrazo de borrachines solitarios.

Ser apartamento de ardillas y pájaros picapinos.

Cosas que no me gustaría ser:

Ser el árbol que da la rama donde anudan la soga del ahorcado.

Ser cortado joven para agonizar lentamente emperifollado con bolas de colores, guirnaldas y una estrella navideña en mi copa.

Ser centenario y huérfano, pasando cien caños de soldad en un monocampo de maíz.

Ser olivo palestino sitiado y prisionero, lejos de mis cuidadores campesinos.

Ser talado, triturado y reducido a celulosa, que, procesada como papel, ser vendida a miles de kilómetros de mi bosque.

Si me gustaran los viajes largos… en lugar de raíces tendría alas.