TEJOS DE LA ROSALEDA (Parque del Oeste)

 

Esta madrileña Rosaleda fue creada en el año 1955. Su inspirador fue el Director de Parques y Jardines de Madrid en aquella época, Don Ramón Ortiz Ferré, de quien lleva el nombre.

Se encuentra integrada en el Parque del Oeste, creado en 1906 por inciativa del alcalde de Madrid, don Alberto Aguilera, y fue obra de Celedonio Rodrigáñez, ingeniero agrónomo y director de Jardines y Plantíos del Ayuntamiento. Tras la guerra civil, su sucesor en el cargo, Cecilio Rodríguez, se encargó de reconstruirlo. 

En 2006 la Rosaleda fue galardonada por la Word Federation of Rose Societies con el “Award of Garden Excellence”, reconociéndola como una de las Rosaledas excepcionales entre las de todo el mundo.

Está situada en un espacio de unos 32.000 m2 dentro del Parque del Oeste de Madrid. Esta zona plana, a modo de una terraza, fue acondicionada con los medios de la época (es decir, sin la asistencia de ningún tipo de maquinaria de movimiento de tierras) en una ladera con fuerte pendiente de dicho parque, orientada al SO.

En total en esta Rosaleda se encuentran plantados unos 20.000 rosales, que corresponden a más de 650 variedades diferentes de rosales modernos (400 de porte bajo y el resto de trepadores, llorones, pie alto, etc…).

Rodeando el recito hay varios árboles espectaculares (como los de el resto del Parque del Oeste), entre los que destaca  el tejo del que me gustaría saber por qué fue elegido para ocupar un lugar tan principal.

La Rosaleda en Google Maps

El tejo {Taxus baccata, L.) es una especie protegida en peligro de extinción en la mayor parte de la península Ibérica. Su longevidad (rebrota con frecuencia y algunos ejemplares llegan a superar los dos milenios), su toxicidad (prácticamente toda la planta), en muchos casos su belleza (tejeras fermosas en la Edad Media, etc.), el valor singular de su madera (lisa, dura y flexible), etc. han hecho que este árbol fuese objeto de especial respeto y protección (árbol sagrado, árbol de dolmen, iglesia, plaza o cementerio) en distintos tiempos y culturas del mundo euroasiático.

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ROBLES de San Juan de la Peña (Jaca-Huesca)

En pleno Pirineo Aragonés se encuentra el espectacular espacio del Paisaje Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel, y entre sus elementos más sobresalientes descuella el Monasterio Viejo de San Juan de la Peña, joya de la época medieval. Las edificaciones conservadas, tan sólo una parte de las que existieron, son excelentes testimonios de las sucesivas formas artísticas en las diversas épocas en que este singular centro tuvo vida. Destacan especialmente los siglos del románico (XI al XIII) con notabilísimas muestras de arquitectura, pintura y sobre todo de la escultura.

El conjunto histórico-artístico de San Juan de la Peña se completa con el Monasterio Nuevo, del siglo XVII, y con las iglesias de San Caprasio y de Santa María en la cercana localidad de Santa Cruz de la Serós, ambas también del periodo románico.

Cuenta la leyenda, que un joven noble de nombre Voto (en algunas versiones, Oto), vino de caza por estos parajes cuando avistó un ciervo. El cazador corrió tras la presa, pero esta era huidiza y al llegar al monte Pano, se despeñó por el precipicio. Milagrosamente su caballo se posó en tierra suavemente. Sano y salvo en el fondo del barranco, vio una pequeña cueva en la que descubrió una ermita dedicada a San Juan Bautista y, en el interior, halló el cadáver de un ermitaño llamado Juan de Atarés. Impresionado por el descubrimiento, fue a Zaragoza, vendió todos sus bienes junto a su hermano Félix se retiró a la cueva, e iniciaron una vida eremítica.1

San Juan de la Peña (Monasterio Viejo)

Este sería el inicio del Monasterio del que escribía don Miguel de Unamuno:

“…la boca de un mundo de peñascos espirituales revestidos de un bosque de leyenda, en el que los monjes benedictinos, medio ermitaños, medio guerreros, verían pasar el invierno, mientras pisoteaban la nieve jabalíes de carne y hueso, salidos de los bosques, osos, lobos y otros animales salvajes.”

Cubierto por la enorme roca que le da nombre, el conjunto, que abarca una amplia cronología que se inicia en el siglo X, aparece perfectamente mimetizado con su excepcional entorno natural. En su interior destacan la iglesia prerrománica, las pinturas de San Cosme y San Damián, del siglo XII, el denominado Panteón de Nobles, la iglesia superior, consagrada en 1094, y la capilla gótica de San Victorián, pero sobre todo sobresale el magnífico claustro románico, obra de dos talleres diferentes. A todo ello hay que sumar otros edificios posteriores a los siglos medievales, entre los que cabe señalar el Panteón Real, de estilo neoclásico, erigido en el último tercio del siglo XVIII.

Los auténticos orígenes del monasterio se pierden en la oscuridad de los tiempos altomedievales y se le ha supuesto refugio de eremitas, aunque los datos históricos nos conducen a la fundación de un pequeño centro monástico dedicado a San Juan Bautista en el siglo X, del que sobreviven algunos elementos. Arruinado a fines de dicha centuria, fue refundado bajo el nombre de San Juan de la Peña por Sancho el Mayor de Navarra en el primer tercio del siglo XI. Fue este monarca quien introdujo en él la regla de San Benito, norma fundamental en la Europa medieval. A lo largo de dicho siglo, el centro se amplió con nuevas construcciones al convertirse en panteón de reyes y monasterio predilecto de la incipiente monarquía aragonesa que lo dotó con numerosos bienes.

San Juan de la Peña (Monasterio Nuevo)

Como consecuencia del terrible incendio del año 1675 se tomó la decisión de construir un nuevo monasterio. Su emplazamiento se eligió en un lugar próximo, el conocido como Llano de San Indalecio, una bella pradera asentada sobre la gran roca que reunía condiciones idóneas para comenzar una nueva vida.

La construcción de la nueva fábrica se inició en el año 1676. A lo largo de sus obras, prolongadas hasta los primeros años del siglo XIX, los monjes contaron con el asesoramiento de numerosos profesionales, siendo fundamental la labor del arquitecto zaragozano Miguel Ximenez, quien diseñó este conjunto monástico. La traza del edificio constituye uno de los ejemplos más perfectos y evolucionados de la arquitectura monástica en la Edad Moderna, por su simetría, por la multiplicación de sus claustros y por la organización racional que poseía el proyecto original, el cual, lamentablemente, nunca se pudo llevar a cabo en su totalidad.

Los robles se encuentran junto al monasterio nuevo.

De la parte de arriba de dicho monasterio, sale un camino que tras atravesar un bosquete de acebos llega al espectacular balcón de los Pirineos con una de las más impresionantes vistas del valle del río Aragón.

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Camino del mirador

Mirador

Valle del río Aragón

CARBAYERA DE TRAGAMÓN. Gijón (Asturias)

 

La carbayera o robledal de Tragamón es un bosque de 4,8 hectáreas de árboles centenarios en el lugar de Cefontesparroquia de Cabueñes, en el municipio de GijónPrincipado de Asturias (España).

En la zona hay unos 192 carbayos o robles (Quercus robur) y un solo ejemplar de Quercus pirenaica.

En la zona costera asturiana prevalece como vegetación más potencialmente posible el roble común o «Quercus robur», roble carballo o roble fresnal1​ pero debido a que la franja costera está muy urbanizada e industrializada han ido desapareciendo transformándose zonas de cultivo, en prados para pastar los animales o bien en plantaciones de otros tipos de árboles de más rápido crecimiento para ser utilizados en la industria maderera.

Sin embargo, en Cefontes, en la parroquia de Cabueñes, hay árboles centenarios rodeados de pradera y es debido a esa peculiaridad de esta pequeña superficie de casi cinco hectáreas la que ha sido fundamental para que este robledal está declarado monumento natural desde el 13 de marzo de 2003 por lo que está protegido e incluido en el plan de recursos naturales de Asturias con la denominación de «Parque Natural de la Carbayera de El Tragamón».

El decreto correspondiente es «Decreto 21/2003 de 13 de marzo» por el «Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de Asturias» (PORNA). Aproximadamente la mitad de esta carbayera forma parte en la actualidad de El Jardín Botánico Atlántico de Gijón (JBA), es un jardín botánico de unas 25 hectáreas de extensión, que se encuentra en las cercanías de Gijón.

 

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EUCALIPTO DE LOS CANCIO. Tapia de Casariego (Asturias)

EL “EUCALIPTÓN”

El impresionante Eucalipto de los Cancio, “el eucaliptón”, fue plantado por un niño de 11 años, Ocatavio Cancio y Cuervo, en 1870 en la finca de su familia conocida como Riobarba, donde algunos años antes se había plantado también uno de los primeros  maíces traídos de América, por su antepasado Gonzalo Méndez de Cancio, gobernador y capitán general de la Florida, y cuya casa natal (hoy el Palacio de Cancio) y en cuyo interior se conserva el arca original en la que se trasportó el cereal, preside el lugar.

Cerca, se encuentra la ermita de la Virgen de la Encontrela.

Ermita de la Virgen de la Encontrela

El eucalipto se encuentra en un pequeño claro junto al río Anguileira.

Río Anguileira

Se puede llegar desde la ermita o desde el espacio recreativo de igual nombre y en las dos ocasiones entrando en un pequeño bosque como si entráramos en otro mundo. En el exterior, los maizales rellenan el paisaje y cerca, el palacio preside la zona.

Maizal y palacio de los Cancio

Andando hacia el eucalipto:

En un claro del bosque….

PLANO ZONA

SABER MÁS:

El «revolucionario» del maíz. Javier Ángel Cancio-Donlebún, descendiente del almirante que introdujo el cereal en Asturias, sitúa la primera cosecha en Tapia en 1606 y no dos años antes, como se recoge en varios estudios

 Tapia De Casariego, T. Cascudo. LA NUEVA ESPAÑA (22.05.2013)

A finales de junio de 1604 la fragata Nuestra Señora del Rosario atracó en el puerto de Sevilla, poniendo fin a un viaje que había partido semanas atrás de La Florida. El marino tapiego Gonzalo Méndez de Cancio (1554-1622) decía adiós así a su puesto como gobernador de la entonces colonia española y viajaba rumbo a casa con la famosa arca del maíz, que hizo posible la entrada de este preciado cereal americano en Asturias. La hazaña es popular entre los asturianos, si bien pocos la conocen en profundidad y apenas hay estudios que hurguen en ese estrecho vínculo que unió a Méndez de Cancio y el maíz. Es la puerta que acaba de abrir Javier Ángel Cancio-Donlebún Ballvé, descendiente del mítico almirante, que es su décimo segundo abuelo por línea recta de varón.

Cancio-Donlebún, natural de Madrid aunque afincado en Asturias y muy estrechamente vinculado a Tapia, es ingeniero industrial de profesión y desde 1993 trabaja en el sector de la minería del carbón, actualmente en Hunosa. Al margen de su profesión, es un auténtico apasionado de la historia comarcal y, de hecho, fue uno de los fundadores de la Asociación Asturgalaica de Amigos del país. No es la primera vez que indaga en la historia de su antepasado, cuyo periplo vital considera «de una intensidad apabullante para la época en que fue vivida», pero sí en el vínculo que mantuvo con el maíz.

Por encargo del Ayuntamiento de Tapia preparó una conferencia para conmemorar el Día del Museo y decidió centrar sus esfuerzos en esa relación de su ilustre antepasado y el cereal, un enfoque, precisa, sólo abordado de puntillas por el historiador Fermín Bouza Brey en el año 1952.

La pista del almirante tapiego, que entre otros logros consiguió derrotar al temido pirata inglés Francis Drake, puede seguirse a partir de documentos localizados en diferentes archivos. Buena parte se localizan en la biblioteca de la Casa de Casariego, el lugar donde nació y murió Méndez de Cancio y que ha dado cobijo a dieciséis generaciones de su familia, pero también se puede rastrear a través de documentación existente en los más diversos archivos del país, desde el de Simancas al Archivo General de Indias de Sevilla.

En este último halló el investigador documentos hasta ahora desconocidos, caso de las doce cartas «trascendentales» para la historia de La Florida remitidas por el gobernador Gonzalo Méndez de Cancio a la Corona. La primera está datada el 23 de febrero de 1598 y la última, ya escrita desde España, tiene fecha de 19 de marzo de 1605. Dice el Cancio-Donlebún que «más que cartas son extensos informes» en los que «con todo lujo de detalles se narran desde los aspectos más trascendentales del gobierno de La Florida hasta nimios detalles de la vida cotidiana de esta extensa región perimetral del más grande imperio hasta ahora conocido». Pero, por encima de todo, estos documentos, que Gonzalo escribió cumpliendo un mandato regio, «huelen a maíz» y permiten dejar constancia por escrito de la huella que este cereal dejó en el marino.

La muerte de Domingo Martínez de Avendaño sumada a la victoria de Gonzalo Méndez de Cancio frente al pirata Drake le situaron en buena posición para optar al puesto de gobernador de La Florida, hecho que queda ratificado por Felipe II en marzo de 1596. Constata su descendiente que cuando Gonzalo llegó a la tierra americana muy pronto se fijó el reto de modernizar la agricultura a la vista del pésimo trato que los nativos daban a la tierra. Haciendo uso de su carácter, dotes de mando y del conocimiento que tenía por la gestión de su importante patrimonio rústico en Asturias se dispuso a impulsar «una auténtica reforma agraria» cuyo principal objetivo era el autoabastecimiento de grano.

«Actuó con decisión sobre toda la cadena del maíz, desde su producción, pasando por su molienda y regulando incluso algunos aspectos de su consumo. Su reforma fue de tal calado que se puede afirmar que si fue el introductor del cultivo de maíz en Asturias no es menos cierto que fue el responsable de su impulso y modernización en La Florida», precisa Cancio-Donlebún.

En una de sus cartas al rey el gobernador explica su empeño por fomentar la agricultura: «Anímoles mucho a que siembren y rompan tierras haciéndoles la comodidad que puedo para que lo hagan, que confío en Dios se ha de coger maíz para sustentar todo el año esta ciudad». La prueba de su éxito es la recaudación en concepto de diezmo del maíz, que pasó de una cifra media de 45.679 maravedíes entre 1587 y 1597 a los 166.464 maravedíes recaudados en 1599, el segundo año del tapiego en La Florida.

No sólo mejoró el cultivo sino también la molienda mandando construir una tahona, que está registrado como el primer molino del que hay noticia en el actual territorio de Estados Unidos. Además se preocupó de regular el comercio creando el primer mercado público. En la misma plaza que mandó construir hoy figura una placa con una inscripción en inglés en la que se lee: «El primer mercado público fue establecido en esta plaza por el gobernador Gonzalo Méndez de Cancio en 1598. Aquí, por primera vez, un sistema estándar de pesas y medidas fue introducido en este país para protección de los consumidores». Dice Cancio-Donlebún que este hecho «es especialmente recordado todavía en EEUU como un importante hito en la defensa de los consumidores».

Toda esta investigación sobre su estancia americana y su regreso a casa permite a Cancio-Donlebún sostener la hipótesis de que la primera cosecha de maíz en Tapia, concretamente en la finca Río Barba, se registró en mayo de 1606 y no entre 1603 y 1604 como sostienen otras fuentes. Lo fundamenta en el hecho de que en marzo de 1605 aún estaba Méndez de Cancio en Valladolid y el viaje al Norte en caravana en aquella época era lento. La segunda razón se justifica en los propios tiempos de cultivo del maíz, ya que la época idónea es en mayo y todo apunta a que en 1605 no llegó a tiempo a casa para preparar la tierra y plantar el maíz.

Cancio-Donlebún destaca el valor de la gesta de su antepasado por la «gigantesca y silenciosa revolución» que supuso la llegada de este cereal: «Ningún otro fenómeno posterior ha dejado tan honda huella en la idiosincrasia de nuestra región como este cereal, que tuvo un efecto global y se integró rápidamente en el ADN de toda Asturias, cambiando para siempre la etnografía, gastronomía, paisaje, folklore, economía e incluso la sociedad».

El descendiente del mítico marino reivindica su figura y clama por la necesidad de dar forma a una biografía completa que considera «una obra indispensable que está aún por hacer». En este sentido anima a que alguien asuma el reto de darle forma con la vista puesta en el cuarto centenario de su muerte, que se celebrará en el año 2022.

 

LA VOZ DE GALICIA (16/04/2018 )

El  maíz  de  América  se  plantó  por  primera  vez  en  Europa  en  Mondoñedo  y Tapia

El maíz -como la camelia, el magnolio, el eucalipto o la patata- es una prueba de la riqueza que supone abrirse al mundo e integrar gentes, pueblos y costumbres. De los mutuos beneficios que se derivan del multiculturalismo y la diversidad. El Boletín de la Real Academia de Historia de 1953 publicó la noticia: el maíz, cultivo propio de América, llegó a Europa en 1604. Se plantó, por primera vez en el continente europeo, en dos parcelas de Mondoñedo y Tapia de Casariego. Lo habían traído el asturiano Gonzalo Méndez de Cancio y Donlebún y su esposa, la mindoniense Magdalena de Luaces Estoa y Miranda.

El estudio, firmado por el juez y erudito Fermín Bouza Brey, aporta pruebas y documentos que el polígrafo galleguista consiguió, tras diversas pesquisas, en la propia familia Cancio y Estoa.

Gonzalo Méndez de Cancio había nacido en 1554 en la casa de Casariego, parroquia de San Esteban de Tapia (Asturias). Pertenecía a los Cancio, una familia de origen gallego con solar en el castillo de Nogueira de Burón (Lugo). Desde muy joven tuvo una gran vocación marítima que lo llevó a servir, a los 17 años, «con su persona y naos» la carrera de Indias. Y llegó a ser Almirante de la Armada. Bouza Brey dice que, al menos, fabricó cuatro naves a su costa: hacia 1574, «una nao grande» llamada El Apóstol Santiago; en 1583, otra semejante titulada Nuestra Señora de Escontrela por ser esa la advocación de su capilla de Casariego; en 1589, la María Santísima de la Concepción; y, finalmente, La Asunción Gallega, una nave de más de 600 toneladas. Con ellas sostuvo combates con barcos piratas, sorteó peligros y condujo a España cargamentos de riquezas, de piezas y materiales preciosos.

El 22 de mayo de 1596, Gonzalo Méndez fue nombrado por Felipe II Gobernador y Capitán General de Florida. Y ya en el mes de junio, cuando salió para encargarse de esos «honrosos destinos», le acompañaba su esposa Magdalena de Luaces que tenía entonces 33 años «buen cuerpo, los ojos grandes y un hijo único llamado Antonio».

Durante siete años ?hasta 1603- Gonzalo Méndez gobernó el estado de Florida y fomentó el cultivo intensivo de maíz dando tierras para plantaciones, construyendo un molino público y efectuando las reformas agrarias que demandaban el incremento de la producción y el aprovechamiento del cereal. Cuando regresó a España en el año 1604 trajo consigo varias arcas llenas de maíz, que él también llamaba pan indio. De esas arcas, se conservaron en la casa de Casariego una de cedro -Bouza Brey copió un inventario de 1729 que dice: «hay un arca de zedro en que vino el maíz de Indias»- y otra de castaño que, en 1953, estaba en buen estado. Y al poco de llegar a Galicia, el matrimonio sembró en sus fincas de Casariego (Asturias) y Mondoñedo el maíz por primera vez en Europa.

Rechazo vecinal, criados negros y envíos desde Ribadeo, según Fermín Bouza Brey

En su trabajo de la Academia de la Historia, Bouza Brey destaca que las primeras siembras de maíz suscitaron en Mondoñedo un hondo rechazo entre los colonos de las fincas de Magdalena Luaces. Hasta tal punto que tuvo que entrar violentamente en las tierras que tenía arrendadas y valerse de criados negros, que había traído de América, para efectuar la siembra. Según el citado estudio, la primera cosecha de maíz en Europa tuvo lugar en 1605 o, a más tardar, en 1606. Una fecha y un lugar ?el noroeste peninsular- que coincide, por otra parte, con las conclusiones de Manuel Murguía que decía que el cultivo del millo se generalizó en Galicia «en los primeros años del siglo XVII»

Murguía basaba sus afirmaciones en documentos hallados en el Mosteiro de Sobrado dos Monxes que demuestran que en 1634 con ese grano se pagaban las rentas al propio Mosteiro. Y en otros que constatan que en 1676 se exportaron por el puerto de Ribadeo, con destino a Vizcaya, 700 fanegas de trigo y 460 de maíz de pan.

Otros registros documentales gallegos destacan, por otra parte, una particularidad curiosa: los que atañen a la Galicia norteña y central y llegan hasta el río Navia, constatan la propagación del maíz desde antiguo; y los referentes a la Galicia oriental y sureña desconocen el cereal en el siglo XVIII y aún en el XIX.

Con estos antecedentes, Bouza Brey concluye su investigación sobre la introducción del maíz en Europa por Tapia y Mondoñedo con estas palabras: «se propagó de norte a sur en forma tal que treinta años más tarde de su llegada ya en el centro de Galicia se pagaban foros con su grano; pero en la parte meridional y oriental, todavía a fines del siglo XVIII y principios del XIX se mostraban refractarios a su difusión».

Según el ilustre galleguista, el Almirante Méndez de Cancio y su esposa trajeron también de América instrucciones para su uso en un cuadernillo que también se conservó hasta hace poco tiempo en el archivo familiar, del que ha desaparecido.

Él fue alcalde de Castropol y ella, hija del regidor mindoniense que hizo la Alameda y la Fiesta del Árbol

Gonzalo Méndez de Cancio y Donlebún nació en 1554 en la casa de Casariego, en Tapia, antiguo concejo de Castropol, el mismo lugar en que murió en el año 1622. Era hijo de Diego de Cancio Donlebún y de María Méndez de San Julián y Villaamil. Antes de haber sido nombrado el séptimo gobernador de Florida, había derrotado al pirata Francis Drake cuando se dirigía a Puerto Rico. Desde 1603, año en que regresó a su tierra natal, residió en su casa de Casariego y ocupó diversos cargos como el de Alcalde Mayor de Castropol y capitán de milicias. Su esposa, Magdalena de Luaces Estoa y Miranda, por su parte, era hija de Leonor Fernández de Estoa y Miranda y de Luis Luaces y Labrada, señor de Abadín y de San Juan de Lagoa de Montes de Meda, y célebre regidor de Mondoñedo.

Su fama procede de que plantó la arboleda de los Remedios y, cuando la concluyó, convocó a los vecinos y a los niños y les dio un gran banquete para que quedase memoria de que él había sido el que había cavado la Alameda y originado, de ese modo, la que Lence Santar calificó de primera Fiesta del Árbol del Estado.

El matrimonio entre Gonzalo y Magdalena tuvo tres hijos: Antonio, Diego y María.

La llegada del maíz supuso una auténtica revolución económica y social, además de alimentaria. Hasta entonces, se vivía de la harina de castañas y gracias a él se mejoró y diversificó la dieta y se construyeron hórreos y molinos de agua. Fue tal su éxito, a partir del foco inicial de Mondoñedo, que muchos detractores, entre ellos algún religioso, veían en él los peligros del monocultivo.