ARAUCARIA del Parque del Lauredal (Gijón)

Uno de los árboles más espectaculares del parque del Lauredal es la araucaria.

Dando sombra a la estatua del doctor Carlos Prieto, colocada en 1970 tras una suscripción popular, aporta un toque exótico al parque.

La araucaria es un género de coníferas de la que existen 19 especies  con una distribución repartida en el hemisferio sur: Chile,  Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay, Nueva Caledonia y Nueva Guinea.

Diversas especies del género se han introducido como plantas ornamentales en Europa y América del Norte (Wikipedia).

 

Leyenda del Pehuén o Araucaria (Argentina)

Desde siempre Nguenechén hizo crecer el pehuén en grandes bosques, pero al principio las tribus que habitaban eses tierras no comían los piñones porque creían que eran venenosos.

Al pehuén o araucaria lo consideraban árbol sagrado y lo veneraban rezando a su sombra, ofreciéndole regalos: carne, sangre, humo, y hasta conversaban con él y le confesaban sus malas acciones. Los frutos los dejaban en el piso sin utilizarlos.

Pero ocurrió que en toda la comarca hubo unos años de gran escasez de alimentos y pasaban mucha hambre, muriendo especialmente niños y ancianos. Ante esta situación los jóvenes marcharon lejos en busca de comestibles: bulbos de amancay, hierbas, bayas, raíces y carne de animales silvestres. Pero todos volvían con las manos vacías, pareciendo que Dios no escuchaba el clamor de su pueblo y la gente se seguía muriendo de hambre.

Pero Nguenechén no los abandonó, y sucedió que cuando uno de los jóvenes volvía desalentado se encontró con un anciano de larga barba blanca.

– ¿Qué buscas, hijo? -le preguntó
– Algún alimento para mis hermanos de la tribu que se mueren de hambre. Pero por desgracia no he encontrado nada.
– Y tantos piñones que ves en el piso bajo los pehuenes, ¿no son comestibles?
– Los frutos del árbol sagrado son venenosos abuelo -contestó el joven.
– Hijo, de ahora en adelante los recibiréis de alimento como un don de Nguenechén. Hervidlos para que se ablanden o tostadlos al fuego y tendréis un manjar delicioso. Haced buen acopio, guardadlos en sitios subterráneos y tendréis comida todo el invierno.

Dicho esto desapareció el anciano. El joven siguiendo su consejo recogió gran cantidad de piñones y los llevó al cacique de la tribu explicándole lo sucedido. Enseguida reunieron a todos y el jefe contó lo acaecido hablándoles así:

– Nguenechén ha bajado a la tierra para salvarnos. Seguiremos sus consejos y nos alimentaremos con el fruto del árbol sagrado que sólo a él pertenece.

Enseguida comieron en abundancia piñones hervidos o tostados, haciendo una gran fiesta. Desde entonces desapareció la escasez y todos los años cosechaban grandes cantidades de piñones que guardaban bajo tierra y se mantenían frescos durante mucho tiempo. Aprendieron también a fabricar con los piñones el chahuí, bebida fermentada.

Cada día, al amanecer, con un piñón en la mano o una ramita de pehuén, rezan mirando al sol: “A ti de debemos nuestra vida y te rogamos a ti, el grande, a ti nuestro padre, que no dejes morir a los pehuenes. Deben propagarse como se propagan nuestros descendientes, cuya vida te pertenece, como te pertenecen los árboles sagrados”. (https://www.patagonia.com.ar)

 

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TEJO de la catedral de Jaca (Huesca)

La catedral de Jaca está considerada como uno de los templos más importantes del primer románico español. Su construcción a partir de 1077 por orden del rey Sancho Ramírez está estrechamente vinculada a la propia fundación de la ciudad y la concesión de los fueros que le permitieron crecer y desarrollarse como pujante centro comercial en la ruta del Camino de Santiago.

Catedral de Jaca

La catedral conserva su estructura básica y configuración románica: una planta basilical de tres naves de cinco tramos con sus correspondientes ábsides alineados, dos puertas de acceso y una esbelta cúpula. En el ábside meridional se localizan los elementos que resumen el lenguaje arquitectónico característico del románico jaqués, difundido después por toda la ruta jacobea: el ajedrezado (que discurre en forma de imposta) y las bolas, que están presentes en los apoyos interiores. 

En el interior del claustro, un tejo y un ciprés aportan los símbolos vegetales habituales en estos edificios.

No es el único tejo de la ciudad. En el parque del Paseo de la Constitución hay varios ejemplares más que vinculan el lugar con las antiguas tradiciones.

OLIVO de Daimiel (Ciudad Real)

El  olivo “milenario” de la plaza de España de Daimiel fue trasplantado al lugar actual en medio de una gran polémica en 1998, procedente de un terreno de los alrededores.

Existen muchas razones para oponerse al desarraigo de estos extraordinarios árboles de sus lugares originales y a su utilización comercial para la decoración y el disfrute de plazas, centros comerciales, espacios privados, etc. Además, en un gran número de casos, al desarraigo sucede la muerte del árbol, incapaz de adaptarse al nuevo emplazamiento.

El comercio de olivos milenarios en España (algunos de hasta 2.500 años), sobre los que no pesa ninguna norma que los proteja, se ha convertido en una actividad que alcanza a decenas de empresas y particulares, hasta el punto de amenazar con un auténtico expolio de este patrimonio natural.

El olivo de Daimiel fue donado a la ciudad por los propietarios de la finca en que se encontraba. Plantado por los árbes, se le suponen unos 900 años de antigüedad y parece haberse adaptado bien al nuevo lugar.

La Plaza de España de la localidad de Daimiel (Ciudad Real), remonta sus orígenes al siglo XVI. Es un bello ejemplo de plaza popular manchega, con diversos cambios de imagen a los largo de los siglos, remontando sus orígenes al siglo XVI, cuando era conocida como Plaza de los Portales Blancos.

Una estancia en Daimiel, además del la visita al Parque de las Tablas, no debe olvidar la laguna de Navaseca y la Motilla del Azuer.

TEJOS DE LA VIRGEN DEL PUERTO

Entre la ermita de la Virgen del Puerto y el puente de Segovia, hay tres tejos de cierta consideración que hasta ahora me habían pasado desapercibidos. Los tres han sobrevivido a las obras de soterramiento de la M-30 (que no es poco) y soportan pacientemente el tráfico del cercano paseo de la Virgen del Puerto.

Los he descubierto gracias al artículo de Guillermo García Pérez, Los tejos del Buen Retiro, que supone una extraordinaria referencia para encontrar los tejos de dicho parque y otros de la ciudad.

Los tejos (“Taxus” en asturiano “Texu”) son un género de árboles coníferos, propios de las zonas montañosas, con ambientes frescos y húmedos, y que prefieren los terrenos calizos. Pueden llegar a alcanzar una altura de 20 metros, pero destaca en cuanto al perímetro, alcanzando diámetros de 1,5 metros. Es una especie muy longeva, pudiendo superar los 2.000 años de vida. Casi todas las partes del árbol son ricas en alcaloides tóxicos, cuya ingestión puede provocar la muerte. El arilo o baya es la única parte del árbol que no es venenosa y está libre de taxina, aunque la semilla que contiene si es tóxica.

Al hablar del tejo no podemos dejar de referirnos a su carácter sagrado. Los pueblos celtas lo veneraban, dado que formaba parte de algunos de sus rituales al ser considerado un árbol sagrado, probablemente debido a su extraordinaria longevidad, que lo hace parecer inmortal.

El cristianismo lo adoptó y lo incorporó a su doctrina como símbolo de la vida y de la muerte. Y por su longevidad, símbolo también de la eternidad. Por esta razón, en Asturias es frecuente verlo plantado al lado de ermitas, iglesias y cementerios, desde tiempos remotos, como símbolo de la trascendencia de la muerte.  www.picosdeeuropa.com

El puente de Segovia es un monumento renacentista de la ciudad española de Madrid, obra del arquitecto Juan de Herrera. Se sitúa en el cruce de la calle de Segovia con el río Manzanares, punto que históricamente ha constituido uno de los principales accesos a la villa.

La ermita de la Virgen del Puerto de Madrid (España) está situada en el paseo de la Virgen del Puerto (antiguo paseo Nuevo de la Corte), en las inmediaciones del Palacio Real. Es obra de Pedro de Ribera,1​ fue construida entre 1716 y 1718 por empeño personal de Antonio de Salcedo y Aguirre, primer marqués de Vadillo, por entonces corregidor de Madrid. La ermita resultó completamente destruida en el transcurso de la Guerra Civil durante la defensa de Madrid, junto con la talla de la Virgen ubicada en su interior.2​ El edificio existente a comienzos de la primera época del siglo XXI es una reconstrucción realizada en 1945. Durante siglos fue el destino de la romería madrileña en veneración de la imagen de la Virgen del Puerto que hay en su interior, costumbre que dio lugar a la verbena de la Melonera.SABER MÁS: TEJOS DE ASTURIAS.

CEDRO DEL SEÑORÍO DE BERTIZ (Navarra)

El Parque Natural Señorío de Bertiz,  se encuentra en Oieregi, en la montaña navarra, en los Pirineos Navarros, una ubicación, que le convierte en atractivo turístico perfecto para todas aquellas personas que se encuentran en el Valle de Baztan o en la zona del Bidasoa.

Bertiz  ha existido desde tiempos remotos, pero el concepto y propiedad del Señorío empezó su aventura en el año 1392, junto a la aparición de su primer titular, Pedro Miguel Bértiz. Pedro, más conocido como Micheto, fue el responsable del escudo que encontramos en la actualidad, compuesto por una “lamia”, ser mitológico de Euskal Herria y gran protagonista de los audiovisuales que encontramos durante la visita del Jardín del Señorío de Bertiz. 

Tras su muerte, unos tras otros, sus herederos ocuparon el lugar de Micheto hasta prácticamente el siglo XIX, momento en el que se produjeron una serie de operaciones de compra-venta para terminar finalmente en el año 1898 en manos de su último propietario privado Pedro Ciga y su esposa Dorotea Fernandez, quienes en el año 1984, Bertiz lo convirtieron en Parque Natural, dejando constancia en su testamento de que legaban el Señorío de Bertiz a todos los navarros y las navarras, y por ende, a la Diputación Foral de Navarra, con una única condición, conservarlo sin modificar su estructura natural y paisajística.

El cedro se encuentra junto al aparcamiento de este Parque Natural y se trata de un cedro de la especie Cedrus libani A. Richard que tiene unos 31 m. de altura y 5,02 m. de perímetro a la altura del pecho.

Fue declarado Monumento Natural por el Gobierno de Navarra en el año 1991 mediante el Decreto Foral 165/1991, de 25 de abril.

OTROS ÁRBOLES DEL PARQUE

Cañaveral
Uno de los varios tejos
Liquidambar
Palmeras