CEDRO DEL ATLAS del Parque del Retiro

El cedro del Atlas, Cedrus atlántica, es un árbol natural del norte de África, de la cordillera del mismo nombre en el norte de Marruecos y Argelia, que se produce habitualmente en viveros para su posterior unos en jardines. Su cultivo ha derivado en la aparición de numerosas variedades decorativas.

Puede alcanzar los 40 metros de altura y es fácil de reconocer por su porte piramidal y porque sus ramas tienen a inclinarse hacia arriba en sus extremos.

Además, las hojas (acículas), agrupadas en penachos no sobrepasan los 3 centímetros de longitud. Las piñas crecen erguidas sobre las ramillas y tiene forma de barrilete. Se utiliza para reforestar y como árbol ornamental, ya que soporta todo tipo de suelos y es resistente a la contaminación atmosférica.

El aceite y la resina de los cedros se utilizaron en Egipto para embalsamar momias, ya que son antifúngicos (evita el desarrollo de hongos, los destruye o detiene su crecimiento), antisépticos y ahuyentan los insectos. Actualmente se siguen valorando estas cualidades del cedro para su uso en carpintería y en la fabricación de figuras para colgar en los armarios ya que el aroma de su madera es un eficaz repelente de polillas.

 

En el Retiro podemos encontrar este árbol en pequeños grupos, como ejemplares aislados o formando alineaciones

OLMO de los Jerónimos

¿Qué veis en la foto?  Una iglesia. ¡Premio! La de San Jerónimo el Real.

Muy bien, pero mirad detenidamente. Hay algo más. Claro, una escultura, se trata de la estatua del escultor Julio López Hernández.

Sin embargo, mi intención cuando he hecho estas fotos era la de retratar el único ser vivo, el árbol, el olmo.

Bueno, si lo miramos de otra forma no es el único, aunque probablemente el único madrileño.

Sí, un olmo. Un árbol que está pasando por malos momentos por la terrible grafiosis que ha acabado con la mayoría de sus antepasados. Un árbol que aporta la belleza vegetal en un lugar donde se valoran mucho más otros tipos de belleza.

El olmo, de los jerónimos, asomado a la entrada del Museo del Prado, se entretiene observando  cada día el gran número de personas que visitan la pinacoteca y fijándose, especialmente,  en aquellas que dedican unos segundos a reconocer su prestancia y su soledad.

CASUARINA DEL JARDÍN BOTANICO

La casuarina, Casuarina equisetifolia, es conocida también como, pino australiano, pino de París, árbol de la tristeza, casuarina cola de caballo,

Las casuarinas deben su nombre al casuario, ave de Nueva Zelanda y Las Molucas a cuyas plumas parece ser que recuerdan las ramillas de estas plantas.

Están repartidas todas ellas por el sureste de Asia u Australia. Muchas suministran maderas duras y de buena calidad empleadas en carpintería para la fabricación de muebles, o son cultivadas como ornamentales.

Son árboles que se confunden a menudo con las coníferas por presentar una infrutescencia parecida a una piña. Tienen las ramillas verdes, estriadas longitudinalmente, con numerosas articulaciones parecidas a las de la cola de caballo (equisetum) y efedras.

En el Jardín Botánico hay al menos dos, destacando por su tamaño esta que se encuentra junto al invernadero.

BONSAIS del Jardín Botánico

 

 

GRANADO

Bonsái es una palabra de origen japonés que significa literalmente bon = ‘bandeja’ + sai = ‘cultivar’ (aunque etimológicamente procede del término chino penzai, que significa pén = ‘bandeja’ + zāi = ‘cultivar’) y consiste en el arte de cultivar árboles y plantas, reduciendo su tamaño mediante técnicas, como el trasplante, la poda, el alambrado, el pinzado, etc., y modelando su forma para crear un estilo que nos recuerde una escena de la naturaleza.

CARPE

Como resultado de una intensa intervención humana, no soy nada partidario de de esta milenaria tradición, pero su vista el el Jardín Botánico de Madrid me trajo a la memoria el precioso cuento de Ricardo Codorníu Starico    El árbol en maceta publicado en 1914 en su libro Doce árboles y pensé que merecía la pena darlo a conocer en mi blog.

Aquí lo tenéis:

TEJO

EL  ÁRBOL EN MACETA

A Carmen Hernández-Ros y Codorníu

        En cierto hermoso bosque de Asia, un árbol silvestre, cubierto de frutos maduros, servía de punto de reunión de las aves, que allí cantaban rebosando placer, y era entonces su repostería favorita.

        Pasó un jardinero de los imperiales palacios, y recogió no pocos de los frutos, con gran disgusto de la multitud alada, que veía disminuidas sus golosinas.

CIPRÉS

        Fueron colocadas las semillas en macetas con tierra, a la que se había mezclado algún mantillo, y recibían con regadera el agua necesaria. Germinaron las plantitas y al principio la vida fue fácil y grata, porque pasaban el estío en el umbráculo del jardín, defendidas del ardor de los rayos solares y la estación helada en el invernadero, donde no les molestaban los fríos, ni el viento les imprimía dolorosos vaivenes.

        Sin embargo, llegó un día en que las inocentes plantitas sufrieron la pena impuesta a los grandes criminales, pues fueron decapitadas…, para injertarlas. Al pronto creyeron morir, mas se salvaron al fin, porque las raíces dieron agua y jugos de la tierra a las yemas del injerto, y además disponían de algunas sustancias orgánicas, de esas que los arbolillos depositan a prevención en las celdillas de su tronco, convertidas en almacenes bien provistos, para la época de escasez

HAYAS

        Así se transformaron las yemas en ramillas con hojas, y éstas preparaban substancia vegetal, que enviaron a las raíces, para que pudieran ramificarse, producir nuevos pelos absorbentes y tomar más savia para las hojas.

        Pronto las raíces llegaron a la impenetrable barrera de tierra cocida, que forma las macetas y se vieron obligadas, muy a pesar suyo, a rodear las paredes, a manera de ovillo, lo que no dejaba de serles molesto.

PINO

        Desde entonces empezaron a sufrir escaseces; apenas se les proporcionaba el agua y el alimento indispensables para que no se mustiasen los pobres vegetales, que ya vivían contrahechos, pues el objeto del jardinero era que permanecieran siempre enanos.

        A pesar de su pequeñez, uno de ellos llegó a producir algunas flores, lo que halagó su vanidad, y luego se regocijó más cuando se transformaron en bellos frutos. Esto satisfizo al arbolillo, porque esperaba que acaso alguno de los huesos se desarrollaría al aire libre, produciendo unba planta que no hubiera de soportar los tormentos y estrecheces de su progenitor, primero degollado, siempre medio emparedado y con el disgusto además de no ser un árbol, si no dos medios árboles, porque a la mitad superior no agradaban los jugos que le daban la otra mitad, ni a las raíces los manjares preparados para ellas por los granos de clorofila de las hojas, que son las cocinas de las plantas, aunque otros, con más propiedad sin dudan, los llaman pulmones y estómagos de los vegetales.

ACEBUCHE

        Una tarde de otoño, poco tiempo después de ponerse el sol y cuando más tranquilamente dormía el arbolito su primer sueño, le despertó una desagradable sensación de frío, debida a que una joven de amarillenta tez y ojillos inclinados, lavaba su tronquito, sus ramas, hojas y frutos, con una esponja rebosando agua. Luego revistió la maceta con sederías bordadas y fue llevada por un palanquín… ¡al palacio del emperador!

        La pusieron en el centro de la mesa preparada para la comida oficial, en un salón cuya claridad era deslumbradora, y el arbolito empezó a absorber el ácido carbónico del aire, cual si fuera pleno día. Luego comenzó la música y el banquete, y la planta se hallaba gratamente entretenida, contemplado deslumbradores uniformes de los diplomáticos y palaciegos, cuando llegaron los postres.

ENEBRO DE LAS PAGODAS

        Entonces ¡qué gran sorpresa y mayor dicha! El mismo emperador, el hijo del sol, de la luna y de todas las estrellas del firmamento, extendió sus soberanos brazos, arrancó uno de los frutos, lo comió mostrando vivo placer y luego, cogiendo los demás, obsequió con ellos a la emperatriz, y a los príncipes sus hijos. Tan gran honra compensó al arbolito el dolor que le produjo el desgarre de los frutos, mientras los cortesanos le envidiaban, pues con gusto hubieran sufrido que su majestad imperial arrancase una de sus orejas, si le vieran comérsela con la misma sonriente faz y alegres ojillos con que había saboreado el fruto.

PINO BLANCO

        Después fue regalado el arbolito, como recuerdos, al primer ministro y llevado al salón central de su excelencia, se le colocó en la mesa central, cuyos pies mostraban dragones admirablemente tallados, destacándose sobre rojo fondo de laca. Allí pasó algunos meses, casi adorado por la familias y los visitantes; pero la falta de agua y principalmente la de sol hizo que se mustiara. Un servidor demasiado listo lo sustituyó por otro arbolito de la misma especie, sin que nadie advirtiese la superchería, y mientras los visitantes dirigían miradas codiciosas al sustituto, el auténtico entraba en putrefacción en un corral.

Ricardo Codorníu Stárica. Doce árboles. El árbol en maceta.1914

BOJ

FRESNOS de la Herrería de San Lorenzo del Escorial

El Bosque de la Herrería está situado al pie de la Sierra de Guadarrama, en San Lorenzo del Escorial. Era designado antiguamente como Dehesa de las Ferrerías de Fuentelámparas. Fue la primera finca que Felipe II adquirió, en su objetivo de anexionar un amplio territorio de realengo en torno al Monasterio de El Escorial. Pasó a manos de la Corona Española en  1.562. Su propiedad correspondía a Pedro Gómez de Porres, comendador de la Orden de Santiago que residía en Segovia. Actualmente pertenece al Patrimonio Nacional

Por su situación a la sombra de las montañas, en una zona de mayor humedad, los encinares han dado paso a los árboles de hoja caduca de la zona mediterránea. En las zonas más bajas y llanas, a la entrada de la Herrería, junto al monasterio, se encuentran los fresnos. Se trata de un árbol fácilmente reconocible por su abultado tronco en relación con las ramas y por su porte achaparrado por el desmoche al que tradicionalmente han sido sometidos para alimentar el ganado.

En cuanto el suelo se hace un poco más seco, subiendo hacia la famosa silla de Felipe II, la especie predominante es el roble melojo (Quercus pirenaica). Este es sin duda, uno de los mejores melojares de la comunidad de Madrid, pero en esta entrada nos fijaremos en sus fresnos

Los fresnos son muy conocidos en la mayoría de los países de las regiones templadas o subtropicales del hemisferio Norte de donde son originarios, ya que se extienden por áreas pobladas históricamente y han tenido un importante lugar en las creencias y costumbres de muchos pueblos.

El nombre del género Fraxinus es el nombre latino del fresno. El nombre común tiene el mismo origen.  

El fresno común (Fraxinus excelsior) es un árbol muy exigente en humedad, aunque rehúye los terrenos encharcados, prefiere suelos frescos, profundos y fértiles y resiste temperaturas muy bajas. Le gusta la luminosidad. Su crecimiento es vigoroso, relativamente rápido y pueden alcanzar los 200 años de edad.

La madera es blanda, flexible, elástica, resistente y no se raja jamás, pero es poco resistente al agua. Se emplea en la elaboración de mangos de herramientas, artículos deportivos (raquetas, tacos de billar y especialmente esquíes) y para chapado. Asimismo se ha usado para fabricación de carrocerías y los primeros vehículos de motor.

Florecen de abril a mayo, en general antes de la salida de las hojas. En cuanto a su género existe una total confusión ya que puede haber árboles solamente con flores masculinas, árboles únicamente con flores femeninas, árboles con flores masculinas sobre unas ramas y femeninas sobre otras, pudiendo ocurrir que al año siguiente las flores permuten su situación. Los frutos se forman inmediatamente después de la floración, pero persisten hasta el otoño, cuando maduran. Al principio son verdosos, para después pasar a color marrón.

Tiene su área original por toda Europa, llegando al norte de Rusia y Asia Menor. En España aparece por la mitad Norte.

Es un árbol muy cargado de leyendas. Se le consideraba el rey de las tinieblas y para los vikingos era el árbol más grande y más bello de todos. Antes de la Cristiandad los escandinavos le consideraban como un árbol sagrado, símbolo de vida y fuerza. Se decía que Odín había hecho al primer hombre de un trozo de esta madera. Para los Druidas colocando hojas debajo de la almohada se disfrutaba de sueños agradables.

Ygydrasil, el Árbol del Mundo, fue un gigantesco fresno cuyas raíces alcanzaban las profundidades del infierno, pero su copa se situaba en los puestos más altos del cielo y su grueso tronco unía a ambos.

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ÁRBOL DEL AHORCADO EN LA CASA DE CAMPO DE MADRID