OLMOS OTOÑALES en la Casa de Campo

OLMO (Ulmus minor)

El nombre deriva del latino Ulmus que se ha mantenido desde los romanos. Fue aceptado por linneo como epíteto científico para el género y se cree que proviene del nombre celta elm.

Su madera, dura y resistente, es fácil de trabajar. Es buena para la construcción de carpintería. Usada para fabricar piezas que han de sufrir golpes y rozamientos o que han de estar expuestas al agua y a la humedad.

 

Es especialmente apta para construcciones navales. Se buscó mucho para entarugar habitaciones e incluso las calles de algunos países. Hoy se utiliza en ocasiones en la preparación de parquet. La corteza, por su riqueza en taninos, se utilizaba como astringente.

Sus hojas son simples, alternas, caedizas, ásperas al tacto, dentadas, quedando divididas por el nervio principal en dos mitades desiguales. Son de color verde oscuro en la cara superior y más claras en la inferior. La floración y fructificación de este árbol son muy tempranas (febrero, marzo), desarrollándose enseguida las sámaras, antes que las hojas, dando lugar a lo que se conoce como el milagro del olmo. Los frutos están formado por una semilla rodeada de un ala plana: estos frutos alados pueden ser transportados por el viento a gran distancia.

La leña y el carbón del olmo son de calidad mediana, produciendo muchas cenizas. El ramón es muy bueno para el ganado. La corteza de los árboles jóvenes, en tiras, sirve para hacer cuerdas y aros de barriles. Las flores son melíferas.

Antiguamente era más árbol de zonas agrícolas, suburbanas y urbanas que de zonas forestales. Antes se plantaban bosquetes en las huertas, rodales más extensos en los sotos y líneas marginales en carreteras, paseos y calles, tolerando bien el polvo, el calor y los humos.

De gran valor ornamental fue muy empleado desde la antigüedad. Se plantó mucho en nuestras ciudades y carreteras durante le época de José Bonaparte. Actualmente, en la Casa de Campo, podemos encontrar rodales de olmos compuestos por rebrotes jóvenes que conviven con ejemplares bien conservados que gracias a las labores fitosanitaras realizadas han resistido a la grafiosis, enfermedad causada por el hongo Ceratocistis ulmi y propagtada por un insecto perforador.

(Texto tomado del cartel de la senda)

Anuncios

OLMO DE LA ESTACIÓN de Aranjuez

 

Declarado árbol singular por la comunidad de Madrid en el decreto 18/1992, tenemos que empezar diciendo que el lugar donde se encuentra no es nada vistoso. Más bien un desastre.  Pasa desapercibido al estar situado junto a la carreta y alineado con otros árboles y pese a encontrarse en un lugar de mucho paso (camino de la estación) no es fácil de encontrar.

Realmente es el  hermano pobre de los árboles singulares de Aranjuez. Algo habría que hacer para adecentar su entorno y visibilizar su presencia. Cualquier día de estos puede ser demasiado tarde.

En cuanto a su aspecto, es bien diferente de otros olmos de similar edad. En este caso el árbol es mucho más esbelto y las ramas y hojas cubren únicamente la parte más elevada mostrando un tronco quizá más delgado, pero mucho más alto (ver olmo de Nuevo Baztán y de Guadarrama).

Se piensa que que fue plantado en torno al año 1.770, por lo que hoy tiene casi 250 años y compite perfectamente con los árboles más viejos de Aranjuez, incluso más viejo que el famoso Plátano Padre, pues fue plantado con anterioridad a los plátanos. Es el único olmo tan longevo que queda en Aranjuez, habiendo resistido la destructiva enfermedad de la grafiosis.

Muy cerca, en otro ambiente muy distinto, plátanos, los protagonistas indiscutibles del la zona.

SABER MAS WIKIPEDIA

OLMO de los Jerónimos

¿Qué veis en la foto?  Una iglesia. ¡Premio! La de San Jerónimo el Real.

Muy bien, pero mirad detenidamente. Hay algo más. Claro, una escultura, se trata de la estatua del escultor Julio López Hernández.

Sin embargo, mi intención cuando he hecho estas fotos era la de retratar el único ser vivo, el árbol, el olmo.

Bueno, si lo miramos de otra forma no es el único, aunque probablemente el único madrileño.

Sí, un olmo. Un árbol que está pasando por malos momentos por la terrible grafiosis que ha acabado con la mayoría de sus antepasados. Un árbol que aporta la belleza vegetal en un lugar donde se valoran mucho más otros tipos de belleza.

El olmo, de los jerónimos, asomado a la entrada del Museo del Prado, se entretiene observando  cada día el gran número de personas que visitan la pinacoteca y fijándose, especialmente,  en aquellas que dedican unos segundos a reconocer su prestancia y su soledad.